¿Cómo educar a un perro?
La respuesta a esta pregunta no siempre es sencilla. Quienes conviven con un can cometen fallos frecuentes cuando enseñan al perro pautas de educación. Desaciertos que causan frustración en el dueño y, también, en el can. En este artículo se recogen cinco equivocaciones en la educación del perro: usar el castigo en lugar del refuerzo, frenar un comportamiento de golpe, usar la fuerza, dar órdenes complicadas y culpar al perro de nuestros propios errores.
¿Cómo educar a un perro sin frustarse?
La educación de un perro no siempre resulta una tarea sencilla. Los canes son animales inteligentes, cariñosos, divertidos y con una capacidad de aprendizaje enorme. Sin embargo, ser el dueño de un can implica también algunos retos.

¿Qué hacer cuando el can trata de robar la comida de la cocina, tira de la correa en exceso durante los paseos o parece empeñado en morder y destrozar los muebles del salón?
No siempre es fácil interpretar el lenguaje o el comportamiento del perro, pero ese es el reto de quien pretende enseñarle.
La educación de un perro puede ser una experiencia gratificante y cansada a partes iguales. Las enseñanzas caninas precisan, además, una alta implicación por parte del dueño, y puede ser un apoyo recurrir a la ayuda de expertos. Los etólogos resultan un valioso sostén en este periplo.
La paciencia, el cariño, así como las ganas de aprender del dueño, son también compañeros indispensables si se pretende tener éxito en la instrucción de un can. Sin embargo, existen algunos errores comunes cuando tratamos de educar a un perro. Cinco de estos equívocos frecuentes se detallan a continuación:
Primer error: Castigar en lugar de reforzar
La educación del perro, como otras formaciones, cuenta con muchas corrientes. Existen, en consecuencia, modos distintos de abordar la instrucción de los canes, en muchas ocasiones incluso contradictorias. Entre ellas, la educación del perro en positivo cobra fuerza. Sus partidarios sugieren olvidarse de los castigos caninos. Y optar por el refuerzo positivo cuando se quiere enseñar una pauta al can.
"El refuerzo positivo es la herramienta más poderosa que tenemos para enseñar a un can lo que esperamos que haga"
Los premios para canes (comestibles, caricias, etc.) proporcionan placer al peludo amigo. Por ello, el animal no tardará en asociar una conducta aprendida con una experiencia agradable, por lo que es más sencillo que quiera repetirla y mostrarla.
Segundo error: frenar un comportamiento de golpe
La educación del perro, como la humana, no es instantánea. Todos, incluidos los canes, necesitamos un tiempo para aprender y fijar los conocimientos adquiridos.
Los expertos en educación canina en positivo suelen recomendar, en consecuencia, huir de las órdenes demasiado contundentes (como "stop") cuando se trata de educar a un alumno peludo o de animarle a que abandone una conducta poco deseada (como comer heces de otros perros).
Estas órdenes que pretenden modificar la conducta canina a través del "control de su parada" implican un aprendizaje estresante, añaden los expertos en educación canina en positivo.
Tercer error: Usar la fuerza
La fuerza y los castigos físicos hacia el perro no solo son crueles (y pueden ser constituyentes de delito) sino que, además, suelen tener consecuencias poco deseables. El uso de la fuerza siempre provoca miedo en el perro.
Las represalias físicas, en consecuencia, no son buenas compañeras de la educación del perro: tienen demasiadas consecuencias negativas.
Cuarto error: dar pautas complicadas
No conviene agobiar al perro con demasiadas enseñanzas. Tampoco es buena idea ofrecer pautas complejas al peludo amigo que se inicia en la educación.
La paciencia es, por el contrario, clave para lograr que un perro aprenda. Un can principiante necesita asimilar pautas sencillas, como aprender a sentarse o pararse antes de cruzar la calle durante los paseos con correa con su dueño.
Quinto error: Culpar al perro
Un fracaso no debe ser motivo de enfado, frustración ni desánimo. Un revés en la fascinante tarea de la educación del can solo implica que necesitamos aplicarnos más para entender mejor a nuestro peludo amigo. Y en este camino, un profesional del comportamiento animal será una ayuda relevante.
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